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A 30 años de la primera expedición arqueológica villense en el delta del Paraná

Entre 1995 y 1996, Fernanda del Carlo lideró tres viajes a las islas frente a Villa Constitución para rescatar tiestos de cerámica de las culturas originarias que habitaron la región.

Hasta los años 90, el Museo Histórico Regional “Santiago Lischetti” era conocido por su colección de objetos, fotografías y algunos restos fósiles, pero sus vitrinas aún carecían de registro de los antiguos habitantes de nuestras costas. No existían colecciones arqueológicas locales ni un relevamiento preciso sobre los pueblos originarios de la zona, en sintonía con las perspectivas historiográficas de la época, que solían priorizar el pasado criollo e inmigratorio por sobre el legado prehispánico.

Iniciativa y compromiso social

Fernanda, en ese entonces, siendo estudiante de antropología (UNR) con orientación sociocultural, se vinculó al Museo Municipal en 1995 como investigadora ad honorem. Con el objetivo de "sacar el museo a la calle", trabajó junto a la entonces directora, Silvana López, en la organización de muestras itinerantes que recorrieron distintos puntos de la ciudad.

Su experiencia previa en rescates por el proyecto de la Represa Paraná Media le permitió dimensionar la riqueza oculta del río. Años después, mientras el sitio "El Castaño" (cerca de Rosario) era impulsado por Juan Nobile y recibía apoyo del Conicet como ícono regional, Fernanda decidió explorar por su cuenta otros puntos posibles. Su apuesta por las expediciones locales buscaba que Villa Constitución tuviera su propio registro.

Islas Lechiguanas

Tras entrevistar y seguir las instrucciones de "El Loco" Vulich, un cazador y conocedor de la zona de islas, Fernanda obtuvo las coordenadas de posibles sitios arqueológicos. Lo que siguió fueron tres expediciones que mezclaron la mística de la navegación isleña con el trabajo de campo.

La primera incursión tuvo lugar en las Islas Lechiguanas, pertenecientes al partido de Gualeguay, Entre Ríos. Junto a su esposo, Daniel Agnese, Fernanda partió en piragua y acampó un fin de semana cerca de la boca del Río Pavón. Allí, sobre la superficie, encontró una densidad asombrosa de materiales. En consecuencia, dichos sitios fueron denominados “Albardón el Tero” y “Cerro del Indio”.

Para el segundo viaje, sumó la colaboración de su colega Sofía Egaña, especialista en arqueología, con quien regresó al lugar para realizar un relevamiento formal. En el sitio, llevaron a cabo recolecciones superficiales y sondeos para evaluar la calidad del yacimiento.

El Zanjón de los Negros

La travesía final se realizó en el Zanjón de los Negros, frente al arenal (jurisdicción de Victoria, Entre Ríos), y sumó una nueva mística: el grupo ya contaba con el “Corto Maltés”, un velero H20 que funcionó como refugio ante un clima tremendamente gélido. A pesar de la comodidad de la embarcación, no abandonaron la piragua, previendo las zonas de poco calado que encontrarían al cruzar el Paraná hacia el Estevez. Tras una noche de campamento y fogón en el Arenal para combatir la helada, el equipo puso proa hacia uno de los brazos de las "cuatro bocas".

Navegando por el Estevez, incluso llegaron a divisar las misteriosas ruinas del Chalet de los alemanes antes de adentrarse en el curso de agua. Una vez allí, el paisaje cambió; la presencia de eucaliptus dio paso al monte nativo hasta que finalmente divisaron el "cerrito" que buscaban. Entre las raíces de ceibos y timbóes, el material apareció con tal fuerza que la recolección superficial fue solo el principio: el trabajo de sondeo posterior confirmó que habían dado con un yacimiento de gran valor, al cual bautizaron formalmente como sitio “Zanjón de los Negros”.

Hallazgos

Las piezas recuperadas pertenecen a la entidad cultural Chaná-Timbú, conocidos como los “Ribereños Plásticos” por su excepcional maestría en el modelado de la arcilla. Estos grupos, que habitaron el delta entre los siglos XVI y XVII, fueron comunidades canoeras que basaron su economía en la caza, la pesca y la recolección. En su cerámica de gran complejidad estética, caracterizada por piezas y apéndices que representan la fauna local, plasmaron una cosmovisión íntimamente ligada a la vida en el humedal.

Los tiestos rescatados presentan una densidad asombrosa de fragmentos decorados, donde se destacan bordes de vasijas y asas con formas animales. Más que simples restos, estos materiales son testigos de una tecnología adaptada al entorno isleño; las incisiones y modelados en la greda del río revelan la huella de un pueblo que transformó el barro en un registro de su identidad, permitiendo hoy reconstruir la historia prehispánica de nuestras costas a partir de su legado material.

Donación y legado

Luego de efectuar la recolección y con la firme convicción de que ese patrimonio hallado debía permanecer en la ciudad, Fernanda tomó la decisión de denunciar oficialmente la colección y realizar la donación al museo local a través de un proyecto que se tituló “Prospecciones Arqueológicas en el Delta Paranaense”.

Hoy, a 30 años de aquella travesía, los caminos de los investigadoras han tomado rumbos distintos. Mientras Del Carlo continúa ligada al activismo ambiental de la región, Egaña y Nobile han desarrollado una carrera internacional integrando el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), organización destacada por su invaluable acción humanitaria.

A pesar de ser uno de los testimonios materiales más importantes de los antiguos pobladores de la región, esta colección aún espera ser puesta en valor para reconstruir ese puente necesario entre el presente y las raíces más profundas de nuestro litoral.

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