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Una historia de amistad que nos invita a confiar en nosotros mismos

Giuli ama cantar, pero le costaba mostrarse; Vicki creyó en ella, le creó una cuenta de TikTok y la ayudó a empezar a compartir su voz.

Giuliana Cocozza y Victoria Godoy se conocen desde que eran chicas, cuando compartían el jardín de infantes en la escuela Cristo Rey. La vida después las llevó por caminos distintos durante la secundaria, pero nunca logró separarlas del todo. Siguieron eligiéndose en cada etapa: primero en el vóley, en Riberas; más tarde en el pádel; y también en la vida cotidiana, donde la amistad se volvió familia. De hecho, Giuli es la madrina de los hijos de Victoria.

Las dos nacieron en 1994 y, aunque pasaron los años, conservaron algo de aquel juego de la infancia: Giuli, la talentosa; Vicki, la que empuja y acompaña. “Ella es la del talento y yo la que le pone el empuje y el humor”, contó Victoria durante la visita que ambas hicieron a los estudios de Sur +, donde compartieron su historia con Leti Pieretti.

Giuli siempre amó cantar. La música está en su casa desde muy temprano: su papá, Sergio, toca la guitarra, el órgano y escucha distintos estilos. Esa sensibilidad quedó dando vueltas en ella hasta que, viviendo en Rosario, se animó a tomar clases de canto. Más tarde volvió a Villa Constitución y, hace un año, comenzó en el Tango Club. Hizo muestras, se presentó, dio pequeños pasos, pero todo prácticamente en silencio. “No le dije casi a nadie, todo muy por lo bajo, pero me animé y estoy contenta de cada paso que voy dando”, reconoció.

La que no estaba dispuesta a que esa voz quedara guardada era Victoria. Para ella, no alcanzaba con que la escucharan la familia, el novio o un grupo de amigas. Sentía que había algo más grande esperando. “Esta voz la tiene que escuchar todo el mundo”, pensó. Entonces le pidió permiso a Giuli para hacer algo. La respuesta fue simple y cargada de confianza: “No quiero saber, confío en vos”.

 

Un talento viralizado

Con esa luz verde, Vicki decidió que un video en Instagram no era suficiente. Creó una cuenta de TikTok, armó el perfil @giulicocozza y empezó a mover la historia para que más personas conocieran el talento de su amiga. Lo que para Giuli era vergüenza, para Victoria era una oportunidad. Lo que una guardaba con timidez, la otra lo veía como algo imposible de esconder.

Cuando Giuli vio el reel, no terminaba de entender lo que estaba pasando. “Tenía mucha vergüenza y ni siquiera pude comentar nada”, dijo. Pero detrás de esa exposición repentina también apareció algo inesperado: los mensajes lindos, el reconocimiento, la emoción de descubrir que su voz podía llegar a otros.

En esa historia, el canto es apenas una parte. La otra, quizás la más fuerte, es la amistad. Esa clase de vínculo que no se queda en el aplauso, sino que se anima a empujar cuando la otra duda. “Los gustos hay que dárnoslos en vida”, entendió Giuli a partir del gesto de su amiga. Y también comprendió que confiar en alguien que cree en vos puede ser el primer paso para empezar a confiar en una misma.

 

La fuerza de la amistad

Victoria lo resume desde un lugar simple y profundo: la amistad se construye todos los días, estando, acompañando y sabiendo que una puede ser sostén de la otra. En el caso de Giuli, ese empujón llegó de la mano de Vicki, que la conoce desde chica y que no dudó en hacer algo para ayudarla a animarse. Porque a veces, para dar un paso, alcanza con tener cerca a alguien que te quiera bien y te recuerde que vale la pena intentarlo.

Al finalizar el programa, cuando todavía quedaba en el aire la emoción de lo compartido, se la escuchó a Giuli contar que tiene pensado dedicarle un tema a su amiga. No lo dijo como un anuncio, sino casi como quien deja salir un deseo guardado: encontrar un momento para que esta historia de amistad pueda seguir viajando, para celebrar ese vínculo y para que otros también se animen a poner en palabras amistades que, como la de ellas, acompañan, sostienen y dejan huella.

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