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Una fiesta para celebrar la infancia con una mirada de fe y esperanza

La visita de los pastores de la Iglesia Maranata a SUR + En Vivo permitió reflexionar sobre el valor de escuchar a los más pequeños, acompañarlos desde la cercanía y ofrecer una palabra de aliento en

En los estudios de Sur +, durante una nueva entrevista de SUR + En Vivo, Leticia Pieretti recibió a Miguel Duré y Erica Coronel, pastores de la Iglesia Maranata, para una conversación que empezó con una invitación concreta y encontró un mensaje más profundo. El sábado 12 de septiembre, desde las 15.30, el predio de las Dos Rutas recibirá una fiesta por el Día del Niño con entrada libre y gratuita, con la participación del Circo del Payaso Trompeta y sus amigos, un grupo oriundo de Morón, provincia de Buenos Aires. Llegarán con casi 30 personas, una estructura de circo, kermés, acrobacias, música y juegos pensados para compartir en familia.

La jornada es impulsada junto a Maestros Cristianos Unidos, Iglesia Redes e Iglesia ICE, y en la charla quedó claro que la propuesta no busca quedarse sólo en el entretenimiento: detrás de cada juego aparece una pregunta por el modo en que los adultos miran y acompañan a las infancias.

Así, el anuncio, se abrió hacia una reflexión más amplia. En el intercambio con Leti Pieretti apareció una idea que ordenó toda la entrevista: celebrar a los niños no como una fecha aislada, sino como una forma de reconocerlos en su valor actual. “Yo siempre digo que el niño no es el futuro, el niño es el presente”, planteó Erica. La frase funcionó como brújula: chicos que esperan un saludo, una mirada o un detalle que les confirme que son tenidos en cuenta.

Desde la Iglesia Maranata, que se reúne los domingos a las 19 en Brown 1650 y cada sábado a las 10 sostiene “La Horita Feliz” para niños, la fiesta aparece como parte de un trabajo cotidiano. No se trata únicamente de repartir golosinas, preparar pororó o armar juegos. La intención es ofrecer un espacio donde la alegría tenga también un sentido. “Más allá de la diversión del espectáculo, esos niños se van a llevar una palabra”, explicó Miguel Duré.

Esa palabra se vincula con historias de transformación. Miguel también habló de Hugo, quien personifica al Payaso Trompeta y lidera el grupo que llegará a la ciudad. “Tiene un testimonio de vida muy hermoso”, dijo. La función, entonces, no se reduce a la risa: puede convertirse en un puente entre el asombro infantil y una enseñanza sobre la posibilidad de volver a empezar.

La niñez fue apareciendo en el diálogo como un territorio que necesita guía y respeto. “Lo más natural y lo más sano que nosotros tenemos en nuestra sociedad es la niñez”, sostuvo Miguel, al recuperar el pasaje bíblico en el que Jesús pide que dejen acercarse a los niños. En un mundo adulto lleno de urgencias, esa imagen invita a preguntarse cuánto lugar real se les da a sus voces, a sus preguntas y a sus silencios.

“Detrás de la cara de cada niño hay una familia”, recordó Miguel en otro tramo. Hay madres, padres, hermanos, abuelos, tíos, primos, vínculos que a veces sostienen y otras veces duelen. Por eso, una tarde de circo y juegos también puede ser una puerta para llegar a una casa, a una pregunta, a una conversación pendiente. Un chico que vuelve con una palabra de aliento puede mover algo en su mesa familiar.

Leticia Pieretti sumó una evocación personal al recordar lo que significó crecer cerca de una comunidad de fe: los cantos, las reuniones, esa sensación de estar en un lugar que hacía bien aun cuando muchas cosas no se comprendían del todo. Esa memoria dialogó con una enseñanza repetida en la charla: acompañar no siempre exige discursos grandes. A veces alcanza con habilitar un ámbito donde los chicos puedan correr, jugar, escuchar y sentirse parte.

La fiesta del sábado vista desde ese lugar, se vuelve un gesto comunitario. “La lástima no moviliza, pero la empatía sí, porque la empatía te ayuda a ponerte en el lugar del otro”, remarcó Miguel. La diferencia es importante: no se trata de mirar desde lejos, sino de acercarse con responsabilidad, ternura y compromiso. Preparar una fiesta también puede ser una manera de decirle a cada chico que su vida importa hoy, no recién cuando crezca.

En esa invitación a detenerse late la fuerza de esta historia. Una comunidad que celebra a sus niños también decide qué tipo de presente quiere cuidar. La infancia pide tiempo, escucha y adultos capaces de mirar más allá de la superficie. Tal vez una tarde de juegos no cambie todo, pero puede encender una conversación, dejar una marca luminosa y recordar que nadie debería crecer sin sentir que hay alguien dispuesto a acompañar su camino.

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