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Cuando una ausencia se convierte en conciencia

Nora Fiorentino y Mirta Pellerino visitaron SUR + En Vivo para compartir una charla atravesada por la memoria, el dolor y el compromiso de seguir cuidando vidas.

Al cumplirse 26 años del Rosedal por la Vida, Nora Fiorentino, mamá de Romina, y Mirta Pellerino, mamá de Leandro, visitaron a Leticia Pieretti en SUR + En Vivo para compartir una conversación atravesada por la memoria y la necesidad de seguir construyendo conciencia vial. 

Antes de la charla, compartieron el documental Voces que el Camino Dejó, una producción audiovisual y educativa impulsada por el Municipio, a través del área de Educación Vial, que invita a mirar de frente una realidad dolorosa: la de las familias atravesadas por los siniestros viales. 

El documental fue presentado el año pasado, en el marco del 25º aniversario del Rosedal por la Vida, y reúne testimonios reales de familiares y amigos de víctimas de siniestros viales. No se trata solamente de un video sobre casos, normas o estadísticas: son vecinos de Villa Constitución que vuelven a poner en palabras aquello que el camino dejó. Por eso conmueve, interpela y obliga a detenerse. Natalia Parisi, jefa del área de Educación Vial, destacó el acompañamiento del área de Comunicación en la producción del audiovisual y la participación de los padres y madres del Rosedal por la Vida. 

Luego de la proyección, la emoción continuó en la entrevista, un relato compartido de memoria, dolor y compromiso. 

Nora tomó la palabra con la serenidad de quien lleva años transformando una herida en mensaje. “Estoy plenamente segura de que he cumplido; he ganado una buena batalla”, dijo, convencida de que hablar, volver una y otra vez sobre lo ocurrido, puede ayudar a que otra persona tome conciencia. Su reflexión fue simple y profunda: muchas veces, en la calle, un segundo parece una pérdida de tiempo; sin embargo, ese apuro puede cambiarlo todo. “La vida es maravillosa”, remarcó, y pidió detener la rueda cotidiana para educar a hijos y nietos, para enseñarles a vivir un poco menos acelerados.

En su testimonio, Nora también habló de Romina y de ese antes y después que divide la vida de una madre. “Yo siempre digo que yo me fui con Romi. Lo que quedó, quedó para mis otras dos hijas”, expresó. La frase quedó suspendida en el aire, no como una búsqueda de compasión, sino como la dimensión honesta de un dolor que no se termina. Aun así, allí estaba, hablando, compartiendo, intentando sembrar algo distinto en quienes escuchaban.

Mirta coincidió desde su propia historia. Explicó que, cuando se conoce una tragedia vial, quienes ya atravesaron ese camino piensan de inmediato en la familia que empieza a vivir “ese infierno”. Y advirtió sobre una idea que muchas veces tranquiliza hasta que es tarde: creer que las cosas les pasan a los demás. “Estamos todos en la misma bolsa”, señaló. En la circulación vial, cualquiera puede quedar del lado de la víctima o del lado de quien provoca una tragedia. Por eso, insistió, la conciencia debe llegar antes.

La entrevista fue recorriendo, con cuidado, esa decisión de convertir el dolor en tarea comunitaria. Mirta recordó entonces la promesa que le hizo a Leandro al despedirse de él: “Yo iba a hacer que su muerte no hubiera sido en vano”. Desde ese momento comenzó a trabajar en charlas, campañas y espacios de concientización. “Hagan que la muerte de mi hijo sirva para que ustedes vivan”, suele repetirles a los jóvenes. La frase resume el sentido más profundo de su camino: no borrar el dolor, porque eso es imposible, sino hacer que sirva para cuidar otras vidas. 

Hacia el final, Nora volvió sobre una pregunta que acompaña a muchas familias: si aquello podría haberse evitado. Recordó el día de Romina, las decisiones pequeñas, el apuro por llegar, el tiempo que parecía necesario ganar. Y en ese relato apareció una verdad que el documental también vuelve visible: detrás de cada siniestro hay una historia familiar, una mesa que esperaba, una vida cotidiana que cambió para siempre.

Voces que el Camino Dejó pone rostros, voces, memoria y un mensaje profundo: que cada decisión en la calle puede cuidar una vida, evitar una ausencia, impedir que otra familia aprenda a convivir con un vacío. Porque detrás de cada nombre del Rosedal hay una historia que sigue latiendo en quienes la aman, y también una oportunidad para que la comunidad escuche, recuerde y evite sumar una nueva rosa.

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