
La Escuela Técnico Profesional N° 44: el despertar de la independencia laboral femenina
Una institución que, en consonancia con los cambios de la época, amplió el horizonte de posibilidades y brindó a muchas mujeres herramientas técnicas para integrarse al mundo del trabajo.
La historia de la educación en la ciudad guarda un capítulo fundamental escrito por manos femeninas. En un contexto donde el rol de la mujer comenzaba a transformarse, la Escuela Técnico Profesional para Mujeres N° 44 emergió como un faro de formación técnica, potencia creadora y autonomía económica.
Un nuevo horizonte de derechos y trabajo
Para mediados de siglo, las mujeres argentinas comenzaban a ocupar espacios antes vedados, impulsadas por la conquista de sus derechos cívicos y el acceso al voto, lo que reconfiguró su lugar en la sociedad. Este despertar social coincidió con una apertura real del mercado laboral. Un hito fundamental a nivel local fue la radicación en 1947 - en el marco del proceso de industrialización - de la fábrica textil Cilsa, la cual absorbió en su mayoría mano de obra femenina, convirtiendo a la formación técnica en una necesidad urgente para la independencia económica de las jóvenes villenses.
Del taller de carpintería a la independencia institucional
Aunque la institución tiene raíces que se remontan a 1900 con talleres en la Escuela Belgrano, su identidad comenzó a definirse al trasladarse a los altos del antiguo edificio de la familia Carbonell, en la esquina de San Martín y Entre Ríos. Tras depender de la Escuela Normal "Nicasio Oroño", el año 1938 marcó su autonomía con la creación de la Escuela de Oficios Mixta. Hacia 1941, tras un proceso donde las secciones de varones formaron la Escuela de Carpintería de Ribera, la institución adoptó finalmente el nombre que marcaría a generaciones: Escuela Técnico-Profesional para Mujeres N° 44.
Un abanico de oficios y formación técnica
Para aquellas jóvenes que no deseaban seguir el camino del magisterio o perito mercantil, la "44" ofreció especialidades que combinaban el arte con la técnica. La oferta educativa era vasta y respondía a las necesidades de la época: desde Corte y Confección y Lencería —esenciales para la industria textil de la zona— hasta la innovadora Práctica de Secretaria Comercial de tres años de duración. También se dictaban cursos de Dibujo Publicitario, Capacitación Docente con especialización psicopedagógica, Bordado a mano y máquina, Manualidades, Arte Culinario y Economía Doméstica. Al igual que cualquier entidad educativa, la formación contaba con certificación oficial expedida por el Ministerio de Educación de la provincia de Santa Fe.
Extensión cultural y compromiso social
No obstante, la vida de la escuela no se agotaba en las aulas; por el contrario, la escuela construyó vínculos con la comunidad y desarrolló una fecunda acción de extensión cultural mediante exposiciones de labores, desfiles de modelos y ferias gastronómicas. Estas actividades, junto a actos benéficos y charlas para el hogar, daban cuenta de un profundo compromiso social.
Vocación docente
La escuela fue liderada por mujeres con una visión clara de su rol social, destacándose las gestiones de la señora Lucía Ch. de Agnese entre 1936 y 1951, la señora Tomasa D. de Rajoy en forma interina hasta 1953 y la señorita Nélida A. Bazzano, quien asumió la dirección en junio de ese año liderando la institución por décadas. Este crecimiento fue sostenido por un cuerpo docente comprometido, entre quienes se encontraban Myriam Gratutti, Susana Blanco y María Cristina Píparo en enseñanza general, junto a las maestras de taller Amalia Rosselli, Teresa C. de Cicella, Olga Robin, Aurora Lasarte, Raquel Ortiz, Margarita Callegaris y Laura J. Gatto.
Un legado que perdura
A pesar de funcionar en edificios antiguos que demandaban constantes mejoras, la escuela creció gracias a la colaboración del comercio, industria y vecinos. En 1975, la institución se transformó en la actual Escuela de Educación Técnico Profesional N° 669 "Gral. San Martín", pero su esencia permanece en el recuerdo de aquellas mujeres que encontraron en sus aulas un espacio de realización personal y social.
Fuentes:
Santiago Lischetti, Historia de Villa Constitución (1858-1980); Periódicos: El Imparcial, El Villense y Crónica.