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Julio Bucca: "La cultura local se teje con el esfuerzo cotidiano y desinteresado de la comunidad"

El docente e historiador repasa el pasado y presente de Villa Constitución y destaca la identidad portuaria, el legado industrial y el rol clave de las instituciones.

Julio Bucca, profesor de Historia, dedicó 38 años a la docencia en instituciones como San Pablo, Cristo Rey y Mater Dei. Aunque hoy disfruta de su jubilación y cursa la carrera de Psicología, su pasión por la historia local permanece intacta. Autor de obras como Villa Constitución: estudio de la zona (1996), Fiesta de los jóvenes (2000), Memoria de Villa Constitución (2007) y Escuela Madre (2010), Bucca reflexiona sobre el devenir de la ciudad.

“Contrario a la creencia popular, los primeros habitantes de la Villa de 1858 no eran portuarios, sino criadores de ovejas que aprovechaban el clima templado para realizar dos esquilas anuales. Sin embargo, el gran salto ocurrió en 1890 con la llegada del ferrocarril”, subrayó.

“Villa empieza como un puerto natural”, explicó, al señalar que la ciudad fue terminal ferroviaria que conectaba con el sur de Córdoba. Ese auge dio vida al barrio Talleres, donde los técnicos ingleses no solo construyeron viviendas y galpones, sino que también transformaron el paisaje con la plantación de eucaliptos y pinos para frenar los vientos de la pampa.

Según el docente, el modelo agroexportador entró en crisis en la década de 1930, en el marco de la Gran Depresión mundial. El panorama comenzó a revertirse en los años 40 con la llegada de las industrias. “No se abandonó la exportación, pero apareció un nuevo sujeto social: el obrero industrial”, indicó.

 

El mito del modelo industrial

Bucca es categórico al diferenciar conceptos: “Villa nunca fue una ciudad industrial; ha sido una ciudad con industria”. Si bien en los años 40 se radicaron CILSA, Acindar y otras plantas que impulsaron un fuerte crecimiento poblacional, sostiene que la riqueza generada no se asentó plenamente en la ciudad, ya que los capitales eran externos.

El sistema de “tres o cuatro turnos” fabriles, agregó, también condicionó la vida social. Según su mirada, esa dinámica limitó la posibilidad de que el trabajador se vinculara con mayor profundidad a la cultura o al deporte, reduciendo el tiempo libre al ámbito doméstico.

Asimismo, señaló que la Ley de Promoción Industrial marcó el inicio del proceso de desindustrialización, al incentivar la radicación de empresas en otras regiones del país.

 

Clubes y Jornadas: la reserva de identidad

 

En una ciudad que hoy define como “achaparrada” por la desindustrialización y la fragmentación social, Bucca encuentra esperanza en las expresiones propias. Destaca a las Jornadas de la Juventud como el evento cultural más significativo de Villa Constitución, una experiencia “émica” y singular que atraviesa a varias generaciones. También resalta el valor paisajístico y recreativo del río Paraná.

En esa misma línea, reivindica el rol de los clubes de barrio, surgidos en muchos casos por el deseo de jugar al fútbol de quienes quedaban fuera del sistema ferroviario. “Si el Estado invierte en clubes, disminuye la violencia social”, afirma, al considerar que allí los jóvenes incorporan valores como el compañerismo y el sacrificio.

 

Un futuro construido desde lo local

Para Bucca, la continuidad de la “experiencia villense” no depende de grandes capitales externos, sino del trabajo colectivo y cotidiano. Desde las escuelas hasta las instituciones civiles y deportivas, la ciudad —sostiene— se mantiene viva gracias a quienes siguen tejiendo la trama cultural de manera desinteresada. “Lo local es lo que nos constituye en nuestra identidad primaria”, remarcó.

La historia, en definitiva, continúa escribiéndose con el esfuerzo y la voluntad de su gente.

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