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El papá de Messi trabajó en Villa Constitución: la historia detrás de la foto que se hizo viral

Fabián "Indio" Giménez, hijo de un obrero metalúrgico de Acindar, contó a Sur Multimedios la historia real detrás de la foto viral de Jorge Messi en la Planta de Talones de Villa Constitución.

El fin de semana en que Rosario despedía a Jorge Messi en Pérez, una fotografía volvió a circular por las redes con la fuerza de una despedida colectiva. Cinco hombres frente a un galpón fabril, posan, algunos sin cascos de seguridad, entre amigos, como se posa cuando nadie espera ser recordado. Los diarios la repitieron atribuyéndola a Rosario. Pero esa imagen no nació en Rosario: nació en Villa Constitución, en la Planta de Talones de Acindar, un sector que hoy ya ni siquiera existe.

Quien puede jurarlo es Fabián "Indio" Giménez, hijo de uno de los cinco hombres de la foto. En diálogo con Sur Multimedios, reconstruyó, con la voz de quien cuida una herencia, el origen exacto de esa imagen que el país cree rosarina y que en realidad les pertenece a los villenses.

Villa Constitución sabe lo que es ser mirada de reojo y nombrada mal. Ciudad metalúrgica, forjada al calor de los hornos de Acindar, acostumbrada a que su nombre se diluya detrás del de Rosario cuando la noticia es grande. Esta vez no fue distinto: la foto viajó por los diarios y por WhatsApp con el crédito equivocado, hasta que alguien de la propia planta, un villense, se encargó de devolverle su lugar exacto en el mapa.

 

Entre amigos, sin casco, en los 80

"El contexto de la foto obviamente no es institucional, porque mi viejo está sin casco", explicó Giménez. Era, dijo, una foto de amigos del sector, tomada a fines de los años 80, probablemente en 1987, el mismo año en que nació Lionel. Allí se fabricaban los alambres para los talones de las cubiertas, un trabajo que la planta trasladó a Brasil a mediados de la década de 2000 y que hoy sobrevive apenas como depósito.

En ese universo de cascos y turnos, el color determinaba el rango: el casco rojo, el que lleva puesto Jorge Messi en la imagen, era el de los inspectores de calidad. Con el tiempo, Jorge ascendería a supervisor del turno del padre del Indio, con quien compartiría veinte años de fábrica, de charlas de los lunes y de escapadas de fin de semana a la isla, cuando todavía el ocio obrero se armaba en la orilla del río y no frente a una pantalla.

 

El año en que dos padres se jugaron todo

El 2000 fue, sin saberlo, un año bisagra para dos familias obreras de Villa Constitución. El padre del Indio se jubiló en enero, tras jugarse un pase relámpago a otra empresa que ni siquiera Jorge Messi pudo frenar: "Le decía, no Giménez, aguantá un mes más, vamos a preparar a otro para tu puesto. Y mi viejo dijo que no quería saber más nada. A las diez de la mañana ya estaba en casa", recordó, con esa mezcla de orgullo y ternura con que se cuentan las decisiones de un padre.

Meses después, en diciembre, Jorge Messi pedía licencia sin goce de sueldo en Acindar. Detrás de esa licencia había una urgencia silenciosa: su hijo Lionel tenía un problema hormonal de crecimiento y ningún club argentino quería hacerse cargo del tratamiento. "Mil dólares mensuales, que era el sueldo completo de mi viejo en esa época", explicó Giménez. La mutual de los supervisores, Asimra, sostenida en parte por la fundación de Acindar, lo cubrió durante dos años, el máximo posible. Después, no había red.

Jorge tenía apenas 42 años cuando se jugó esa apuesta. "Fue un riesgo enorme. Con el diario del lunes decimos que fue un buen riesgo, pero te podía ir muy mal. Sabemos que llega uno cada diez mil", reflexionó el Indio. Y ahí, dijo, está la clave que pocos nombran: "No existiría Lionel Messi sin Jorge Messi. No hablo de lo biológico, sino de que fue su hacedor. Cuidó el producto, algo que quizás le faltó a Diego (Maradona): tener al lado a alguien que no estuviera por la plata".

 

"Mi hijo es un fenómeno"

Los lunes, en la fábrica, había un ritual tácito entre los obreros: contarse cómo les había ido a los hijos en el fútbol infantil del fin de semana. Jorge Messi no era de hablar de más, pero siempre dejaba caer la misma frase, sin desarrollarla: "Mi hijo es un fenómeno". La mayoría lo escuchaba como el cariño ciego de cualquier padre de barrio. Nadie imaginaba que decía, lisa y llanamente, la verdad.

 

Una foto que ya era un homenaje

Lo que pocos saben es que el Indio Giménez ya había publicado esa misma fotografía en julio pasado, en plena final del Mundial, mucho antes de que la noticia del fallecimiento de Jorge Messi la volviera viral en todo el país. Lo hizo pensando en su propio padre, "el pelado de arriba en la foto", fallecido tiempo atrás. Escribió entonces que elegía esa imagen para esa final "por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo Messi", dedicándosela al mismo tiempo al mejor futbolista de todos los tiempos y, con esas mismas palabras, "al mejor viejo del mundo".

Hoy, con Jorge Messi despedido en Pérez y esa foto recorriendo de nuevo el país, la ciudad de Villa Constitución recupera, aunque sea por unos días, un fragmento de su propia historia obrera: la de una fábrica, un casco rojo y la confianza de un padre metalúrgico que, sin saberlo, estaba fabricando algo mucho más grande que alambres.

Porque en el fondo, la historia que cuenta el Indio Giménez no habla solo de Messi. Habla de los obreros anónimos de la Planta de Talones, de los turnos, de las charlas de los lunes y de las escapadas a la isla; de una generación de padres villenses que, entre el casco y la fábrica, también supieron jugársela por sus hijos. Jorge Messi fue uno más de ellos. Tuvo, además, la fortuna que el mundo entero terminara enterándose.

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