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Cómo detectar y prevenir la hipertensión

La hipertensión no suele presentar síntomas claros, por tal motivo el control periódico en la farmacia es una herramienta fundamental para prevenir complicaciones severas y fomentar hábitos saludables

En el programa de streaming Cámara abierta, la farmacéutica Alba Sosa participó del micro farmacéutico para abordar una problemática de salud pública crucial: la hipertensión arterial. Esta condición se caracteriza por ser una "enemiga silenciosa" que, en la gran mayoría de los casos, no da síntomas claros. Esta falta de señales de alerta hace que existan muchísimos casos no diagnosticados entre la población, por lo que las oficinas de farmacia cumplen un rol fundamental para encender alarmas tempranas y derivar a los pacientes al médico.

Aunque no existan manifestaciones obvias en el día a día, Sosa explicó que un dolor de cabeza fuerte e intenso que aparece de golpe —y que no forma parte de un cuadro migrañoso habitual— puede ser un indicio de presión alta. Ante una situación así, se recomienda pasar por la farmacia o acudir al médico para verificar los valores antes de automedicarse. Asimismo, síntomas como la retención de líquidos (manos o pies hinchados) pueden estar asociados, aunque no siempre se deban estrictamente a la presión.

¿Cuándo se considera hipertensión?

Para determinar el estado de un paciente, las mediciones con el tensiómetro arrojan dos valores conocidos como la presión sistólica (máxima) y la diastólica (mínima). Según detalló la profesional, una presión normal se presenta cuando al medirse se registran valores que no superan los 120 mmHg de sistólica y los 80 mmHg de diastólica. Por otro lado, si la persona registra valores de más de 120 hasta 139 mmHg de máxima, o de más de 80 hasta 89 mmHg de mínima, la situación se considera como presión alta y sirve como un parámetro de alerta para controlar de cerca. Finalmente, el cuadro pasa a considerarse formalmente como hipertensión cuando los valores alcanzan o superan los 140 mmHg de máxima y los 90 mmHg de mínima.

Es importante diferenciar entre una elevación temporal y la hipertensión propiamente dicha. Un pico de presión puede ser causado por un estado de ansiedad o nerviosismo pasajero, tras lo cual los valores descienden y vuelven a la normalidad. Sin embargo, cuando la presión elevada se sostiene en el tiempo, se considera una condición crónica que requiere derivación médica urgente para hallar sus causas y evitar consecuencias graves como accidentes cerebrovasculares (ACV), episodios isquémicos o problemas renales.

Factores de riesgo y hábitos para evitarla

La hipertensión cuenta con factores de riesgo no modificables, como la carga genética, las enfermedades preexistentes y el propio paso de los años, que tiende a engrosar y rigidizar las arterias. No obstante, existen múltiples factores modificables sobre los cuales se puede actuar activamente a través de hábitos de vida saludables, tales como: reducir el consumo de sodio, evitar ultraprocesados, realizar actividad física, evitar el tabaco y el alcohol, y disponer de una buena hidratación

El tratamiento: adherencia y el peligro de la automedicación

El diagnóstico y la indicación de tratamientos farmacológicos antihipertensivos corresponden exclusivamente al médico. Las farmacias no medican para la hipertensión, ya que resulta peligroso determinar un fármaco sin conocer la causa subyacente del paciente.

Un problema frecuente en los pacientes crónicos es la falta de adherencia al tratamiento. Muchas personas interrumpen la toma de su medicación al constatar que sus registros de presión son normales. Los profesionales advierten que la presión se mantiene en parámetros óptimos justamente gracias a la concentración del fármaco en sangre, por lo que nunca debe suspenderse la dosis a menos que el médico firmante lo indique.

Por otra parte, se derriban mitos comunes sobre fármacos de venta libre: la clásica "aspirineta" (ácido acetilsalicílico) no actúa como un antihipertensivo, sino como un disgregante plaquetario preventivo para la fluidez sanguínea. Su consumo diario sin indicación médica en personas jóvenes y sanas no es recomendable, dado que puede ocasionar complicaciones como úlceras gástricas.

Campañas y protocolos modernos de medición

A través de redes integradas, como las del Colegio de Farmacéuticos de la Segunda Circunscripción, las farmacias reciben capacitaciones basadas en procedimientos estandarizados de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Estos protocolos implican registrar formalmente los datos y realizar un seguimiento periódico de pacientes diagnosticados que asisten cada 15 días.

La metodología de medición también se ha modernizado. Los antiguos aparatos de mercurio fueron retirados por normativas ambientales y los equipos anaeróbicos de manómetro manual requerían calibraciones muy frecuentes para evitar el error humano. Hoy se priorizan los dispositivos automáticos validados y calibrados de fábrica, los cuales registran la presión máxima, la mínima y las pulsaciones de forma precisa. Para garantizar un resultado fidedigno, el protocolo actual exige hacer sentar al vecino, dejarlo descansar un mínimo de cinco minutos para que se relaje, e indagar previamente si realizó actividad física reciente o si consumió sustancias estimulantes como mate, té o café.

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