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Cáncer de colon: el enemigo silencioso que se puede vencer con prevención y hábitos saludables

Es uno de los tumores más frecuentes: representa el 10% de todos los cánceres. Detectado a tiempo, tiene hasta un 90% de posibilidades de cura.

Cada semana, el segmento farmacéutico del streaming de SUR Multimedios Cámara Abierta convierte la frecuencia en un consultorio de acceso libre. Esta vez, la farmacéutica Lidia Patiño tomó el micrófono para hablar de un tema que incomoda, que muchos evitan y que, sin embargo, tiene solución: el cáncer de colon. Un enemigo que avanza en silencio, que se esconde detrás de síntomas cotidianos y que, con el diagnóstico temprano, es uno de los tumores más curables que existen.

¿Qué es el cáncer de colon y por qué es tan frecuente?

El cáncer de colon es una enfermedad que se localiza en el intestino grueso y que, en la mayoría de los casos, comienza de manera imperceptible. "Es muy silente", advirtió Patiño durante el programa. "En el transcurso del tiempo va evolucionando, por eso es tan importante hacer los controles."

Su origen está en la aparición de pólipos: pequeñas formaciones en la mucosa del intestino que, con el tiempo, pueden degenerarse y transformarse en un tumor maligno. La estadística es contundente: alrededor del 10% de todos los cánceres diagnosticados son cánceres de colon, lo que lo convierte en uno de los más prevalentes a nivel mundial. Pero hay una noticia alentadora que la farmacéutica no tardó en subrayar: cuando se detecta a tiempo, el 90% de los casos tiene solución.

¿A quiénes afecta y cuándo hay que empezar a controlarse?

La recomendación médica general es comenzar con los chequeos preventivos a partir de los 50 años. Sin embargo, Patiño fue clara en señalar que esa edad no es una barrera infranqueable: "No quita que pueda aparecer en personas más jóvenes, que generalmente tienen alguna carga hereditaria o antecedentes familiares de cáncer de colon."

La herencia juega un papel importante. Si en la familia hubo casos de esta enfermedad, la vigilancia debe comenzar antes y ser más estricta. La farmacéutica mencionó incluso su propia experiencia personal: un familiar fallecido por cáncer de colon, un dato que humaniza el mensaje y subraya que nadie está completamente a salvo si no actúa.

Las señales que el cuerpo manda y nadie debería ignorar

Uno de los mayores peligros del cáncer de colon es, precisamente, su capacidad de confundirse con dolencias cotidianas. Los síntomas que describió Patiño son intestinales: cólicos, diarrea frecuente, estreñimiento persistente o, en los casos más llamativos, pérdida de sangre al ir al baño.

"Uno va al baño y dice 'no sé qué me cayó mal', y esa diarrea vuelve a presentarse", ejemplificó la farmacéutica. El problema es que la costumbre adormece la alerta: cuando el síntoma se vuelve recurrente, ya no asusta. Y justamente ahí está el riesgo. La pérdida de sangre, en particular, puede derivar en una anemia crónica que tampoco siempre se vincula con el intestino. "Los médicos también deberían estar súper atentos a esos pequeños síntomas", señaló Patiño.

Desde la farmacia, ese rol de alerta temprana es clave. Cuando alguien llega a buscar un laxante o un antidiarreico con cierta frecuencia, la pregunta obligada no es solo "¿qué necesitás?" sino también "¿esto está pasando seguido?". La derivación al gastroenterólogo, oportuna y sin dilaciones, puede marcar una diferencia enorme.

Cómo se diagnostica: la colonoscopía no es tan terrible

Muchas personas postergan los estudios por miedo. La colonoscopía tiene fama de incómoda y ese rumor funciona como un freno poderoso. Patiño se encargó de desmitificarlo: "Hoy día se hace con sedación, vas acompañado de alguien. No es tan terrible." El procedimiento permite que el médico visualice directamente el interior del intestino y detecte la presencia de pólipos antes de que se transformen en algo más complejo.

El otro estudio clave es la detección de sangre oculta en materia fecal, un análisis casi de rutina que puede revelar pérdidas de sangre imperceptibles a simple vista. Ambos estudios, combinados con una consulta médica ante cualquier síntoma persistente, conforman el escudo preventivo más eficaz disponible.

Factores de riesgo: lo que podemos cambiar y lo que no

Patiño trazó una distinción importante entre los factores de riesgo modificables y los que están fuera del alcance individual. Entre los primeros, la dieta ocupa el lugar central: el consumo excesivo de carne roja, alimentos ultraprocesados, grasas saturadas y harinas refinadas, combinado con una ingesta escasa de fibras, frutas, verduras y legumbres, es el terreno fértil para que la enfermedad prospere.

El sedentarismo, el sobrepeso, el tabaquismo y el consumo de alcohol también suman al riesgo. "La prevención es cambiar el estilo de vida", sintetizó la farmacéutica sin rodeos. En el otro extremo, los factores no modificables incluyen la predisposición genética y la edad avanzada: variables sobre las que no hay control, pero que sí deben actuar como disparadores para incrementar la vigilancia médica.

La farmacéutica también apuntó a un fenómeno contemporáneo que agrava el panorama: la industrialización de los alimentos. "Consumimos muchos procesados, entonces ahí tenés muchas cosas químicas y cosas nocivas que, obviamente, no a todo el mundo le asientan igual", explicó. La rapidez del día a día, el microondas y la fila del kiosco van ganando la batalla contra la olla y la verdulería.

El rol de la farmacia: prevención desde el mostrador

En una sociedad que tiende a resolver todo rápido, el farmacéutico de barrio ocupa un lugar estratégico que va mucho más allá de despachar cajas. "El consejo farmacéutico está siempre en el mostrador", destacó Patiño, quien fue terminante respecto a un punto: la automedicación no es el camino. Ningún antibiótico ni ningún suplemento reemplaza la consulta médica ni previene el cáncer de colon.

Lo que sí puede hacer la farmacia es sembrar la duda necesaria: preguntar, orientar, y derivar. "Vos tenés una diarrea, querés que se te corte, perfecto. Pero en la semana que viene pedite un turno para hacer esa prevención que no hacemos", ejemplificó. Un recordatorio simple, dicho en el momento justo, puede ser el primer paso hacia un diagnóstico a tiempo.

El mensaje con el que Lidia Patiño cerró su participación en el micro farmacéutico de Cámara Abierta fue tan concreto como esperanzador: el cáncer de colon se puede prevenir, se puede detectar y, cuando se actúa a tiempo, se puede curar. La herramienta más poderosa no está en un laboratorio ni en una farmacia: está en la decisión de cada persona de hacerse el control, cambiar un hábito y no normalizar lo que el cuerpo está intentando decir.

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